domingo, 24 de mayo de 2015

POESÍAS.

De Adenydd Bron.

I
En un laberinto de cristal
una golondrina llora, se lamenta y sufre
por no ver a sus compañeras.
Sus alas se congelaron,
ya no puede volar.
Su libertad se ha ido,
ya no volverá.

 
II
De la princesa todos dicen cuan hermosa es.
De la princesa todos hablan de la bondad de su corazón.
Si supieran de su princesa los súbditos cuan torpe es,

cuan majadera, insoportable o irresponsable puede ser,
todos callarían.
No es de piedra la princesa, solo un ser humano más.
Los súbditos callan.
Su alteza suspira presa del aburrimiento,
todos se dan cuenta y guardan silencio.
Está mudo el pierrot, también el general de ejército.
Pero siguen engañados por la exuberante belleza.
Y saben que es inútil preguntarse:
¿Quién es en realidad la princesa?
 

III
En una biblioteca olvidada, el tiempo pasa muy lento.
La gente llora, ríe.
Son tenues a mi vista pero están ahí.
Los libros pasan de incontables ante la multitud.
Yo me quedo ahí, aun inmóvil.
Observando las horas que pasan con lentitud ante mis ojos.
Me pierdo, me busco, me encuentro.
El mañana es una sátira sacada de un bello cuento.
Un segundo, un minuto, una hora.
Hoy no es más que un recuerdo.

 
 
IV
El Titán llega feroz, fuerte sin importar a lo que hace frente.
Imbatible, poderoso. Sangre vierte.
La lógica se invierte.
Un dios baja y el no lo entiende.
Se burla de lo imposible, se mofa de lo que pierde.
El mar tiembla y un rayo toca la tierra mojada.
Él pasa potente.
Enseña un nuevo mundo, uno más reciente.
La gente escucha, entiende.
Mundos destruidos, y aun así el del Titán prevalece.
 
 
V
En un lugar extraño vivía una caracola de mar.
Viose sola y tan fuera de lugar
que decidió buscar algo nuevo y diferente
de todo lo que alguna vez pudo encontrar.
Buscó y buscó.
Aun así el fin de su viaje nunca parecía terminar,
ya que todo fueron decepciones para la caracola de mar.
Por más que las aguas del norte le brindó, su frialdad le causaba pavor.
Le dio tristeza pensar así, por eso se marchó.
El caliente mar le hizo sentir comprendida y por primera vez pensó en el amor.
Pero por más que pensaba en sus cercanías,
las corrientes la empujaban fuera de aquel corazón,
así que se sintió rechazada y partió.
En un mar oscuro y sombrío encontró una razón,
algo que cuidar pensó y lo halló.
Sin embargo aquellas aguas caprichosas y variables,
no le resultaban lo mejor.
Aunque ahí se sentía feliz muchas veces,
se fue sin decir adiós.
Las últimas aguas eran como un pequeño sol
para ella era mucho, pero para él no.
Se sintió acogida en ese lugar y por mucho tiempo se quedó
aunque no era lo mejor.
En aquel lugar el sol era muy fuerte,
pero a veces en una gran tempestad se llevaba su amor.
Ella quería realmente quedarse aunque sabía que no era lo mejor.
Y aunque sabía que no la amaba, se quedó.
Sin embargo hubo un momento que su amor dudó.
Un dolor punzante le hizo darse cuenta
que aquel mar en decadencia no merecía su amor.
La caracola huyó.
Esta vez más triste que la vez anterior.
-Ya basta- se dijo.
Esta vez la caracola regresó a ese extraño lugar de donde todo surgió.
Descubrió que el coral era más poblado.
Y las arenas eran muy blancas.
Se vio en su hogar y un alivio recorrió su cuerpo cansado.
Ahora recordaba, llena de emoción,
aquel camino que por capricho  siguió.
Tanto que contar encontró,
pero aun así lo que tanto buscó nunca encontró.
Solo un milagro de vida se llevó su corazón.
 
Adenydd Bron.

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