
En un día de verano en la zona de Oriente, un joven viajero se hizo dueño de un Ingenio de azúcar de caña. En él convivían en un barracón hombres, mujeres y niños esclavos, traídos desde África.
Y como animales eran
tratados por el mayoral. Cimarrón llamaban al que se atrevía a escapar o
desafiarlo. Con su fusta en mano, se oía el silbar del látigo en el aire y el
sonido al caer rompiendo la piel del que había escapado y amarrado a un tronco
lacerando su piel, castigándolo sin cesar.
El antiguo amo del
Ingenio, disfrutaba del horrible castigo desde su portal. De tanto beber y
derrochar su dinero, las arcas vacías no lo hicieron durar. El Ingenio vendió y
en las manos del joven viajero terminó.
Se escuchan los
cantos desde el barracón. Con lenguaje extranjero de su tierra amada, despiden
al malvado amo que no verán nunca más.
Todos se preguntan: Cuál
es nuestro destino, seguiremos igual? De sus ojos se escapan las lágrimas pero
la esperanza no perderán.
Pasan los días. El
joven recorre con paso seguro todo el lugar y sus ojos se horrorizan con tanta
maldad. La tierra cubierta de sangre aún está, grilletes a cada paso, el
corazón al joven le duele de tanto pesar.
En tan solo unas
horas, todo comienza a cambiar. Lo primero que hace es soltar los grilletes que
aprietan los brazos y piernas lastimados de los esclavos castigados en el
barracón. El mayoral ha colgado su látigo. Se marcha del Ingenio llevándose
toda su maldad.
Pasan los días. Es
tiempo de zafra en el Ingenio y los cantos se escuchan, pero no son de pesar.
Son historias de guerreros, de su tierra, que desde pequeños sus madres les
enseñaban a cantar.
Sobre un caballo
pinto, el joven cabalga. Su figura es gallarda y su trote leve parece en el
viento flotar.
Entre el cañaveral a
una estatuilla de ébano, por un descuido de su caballo casi derriba en su
trotar. Sus miradas se cruzan. Dónde estaba esta Diosa oculta. Su piel es
mulata y sus ojos dos esmeraldas que brillan en la oscuridad.
Cupido travieso. En
qué aventura magnífica me haces entrar?.
Ella sorprendida baja
la mirada. De sus ojos esmeraldas las lagrimas brotan, no se sabe si de dicha o
de pesar.
- Mi joven amada, no
derrames las lágrimas, que son como joyas preciosas para mí.
Desde el barracón se escucha
una historia. En Ella se narra que una princesa de ojos esmeraldas fue
arrebatada de los brazos de su joven guerrero.
Junto a ella reinaría
en su tribu. A sus pies, por defenderla del invasor, su cuerpo se derribó
herido de muerte. Su amante suspiraba un último adiós.
- Adiós mi princesa,
mi joya preciosa.
Pobre joven de
corazón herido. Estás enamorado de la bella princesa. Pasan los días y no
tienes una respuesta.
Todas las mañanas, al
despertar la joven, entre su cabello encuentra una flor de mariposa aun con el
rocío de la noche y su perfume embriagador, En su corazón joven viejas heridas
se van curando ya. El bálsamo mágico del amor rompe los recuerdos horribles que
ha vivido ya. El amor ha derribado la pared que envolvía su corazón.
Sus ojos esmeraldas
se fijan en el joven. Desprende del cabello la flor ya desvanecida sin gotas de
rocío como símbolo de su amor.
A la sombra de un
palmar intercambian frases, besos y se prometen amor eterno. El calor continúa.
Una suave brisa suaviza el lugar y dos cuerpos se entrelazan para uno formar.
Las lagrimas y
lamentos no se escuchan más. Sólo se escuchan canciones en la noche. El látigo
colgado estará!
En la noche
estrellada desde su portal sus besos intercambian y los ojos esmeraldas
brillando están en la oscuridad.
- Ya eres mi princesa
oriental. Yo seré tu esclavo que castigarás cada día con besos llenos de Amor.
Los grilletes en mi cuerpo son tus abrazos cálidos. Tu cuerpo junto al
mío,
es el látigo que lacera mi piel.
es el látigo que lacera mi piel.
De esta forma un
joven dueño de un Ingenio se convirtió en esclavo del amor. Una esclava se
convirtió en la dulce princesa de ojos esmeralda, que en la oscuridad con su
fuerte brillar me despierta en la noche y mi cuerpo hace vibrar.



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